(Con pan e viño, faise o camiño – Con pan y vino, se hace el camino.)
Hoy da comienzo la Romería de San Martiño, una de las más esperadas en la zona del Morrazo junto las Fiestas de Darbo. Tenemos por delante, 5 días de fiesta tradicional para asistir a unas charlas-exposiciones en la Casa Rectoral, para comer muchas castañas y, por supuesto, para probar el vino nuevo de “San Martiño, trompos no camino”.
La Feligresía de San Martiño fue fundada en el S: XII, fecha también en la que se termina la Iglesia Románica que lleva su mismo nombre. Dicho templo se irguió en un solar con muchas piedras (moas); por lo que se valora que sea el lugar que dio origen al posible nombre de Moaña (año 1.237)= lugar de moas (Moania > Moaña en latín); y se nombró a San Martiño como protector de ella y de todos sus feligreses, por darse la circunstancia de que su devoción fuera traída desde Francia por la Orden de Cluny, a través del Camino de Santiago hasta el vecino Monasterio benedictino de Santiago de Hermelo. Esta fundación tenía el objetivo de darle un nexo de unión a varias aldeas esparcidas que hasta aquella, pertenecían a la parroquia de origen suevo de O Morrazo, con un templo que a día de hoy se desconoce donde estaba.
La Romería de San Martiño es una de las pocas fiestas patronales que se conserva desde el S: XII, pero las escrituras hablan de ella a partir del S: XVII; en la centuria siguiente el templo sufre una restauración en estilo barroco. Originariamente la fiesta se celebraba el día 11 de noviembre y vísperas, y un Gaiteiro tocaba durante toda la fiesta, de sol a sol durante los dos días. El músico actuaba en el atrio bajo de la Iglesia, donde antiguamente se reunían todos los vecinos a modo de ayuntamiento. Hasta 1.821 se tiene constancia de que era un único Gaiteiro el que tocaba en las fiestas, el que también daba ritmo a unas Danzas Ancestrales que desaparecieron en el S: XVIII. Se sabe de ellas por los escritos que se han encontrado a lo largo de la historia. Y fue a partir de 1.874 cuando se tiene constancia de que terminó la hegemonía de un único Gaiteiro y se pasó a contratar a la primera Banda de Música recién creada en Moaña. Estas “xuntanzas de veciños” (reuniones de vecinos) en el atrio bajo de la Iglesia no consta que tuvieran problemas con la jerarquía eclesiástica, como pasó con las que se hacían en los bajos de las casas, conocidas como “Fiadas” (Hiladas) y en los molinos (Muiñadas) puesto que los hombres y mujeres se arremolinaban en horas intempestivas, algo muy mal visto en la Casa del Señor. Los visitadores de la sede compostelana mandaron a los curas de San Martiño que las prohibieran por las “muchas ofensas entre Dios Nuestro Señor y su Santa Ley”, aunque hay constancia de que se siguieron haciendo hasta los inicios del siglo XX.
Ya comentamos antes que Moaña era una feligresía agrícola donde el vino era un producto de 1ª necesidad. Y es que antes se buscaba más la cantidad que la calidad. Aquel líquido de los dioses, era un vino ligero, aguado y puro, procedente de diferentes variedades autóctonas. Lo que la casa producía, en la casa se consumía; los excedentes pronto encontraron salida. Antiguamente, había una o dos tabernas en toda la parroquia donde se vendía el vino nuevo de toda Moaña.
Se hacía de la siguiente manera: se recopilaba todo el vino procedente de los impuestos de la feligresía, se subastaba y quien lo comprase para dar el dinero a la hacienda real, abría una o dos tabernas. Y este vino, junto al de los excedentes de algunos cosecheros era único y exclusivamente de Moaña, a no ser que hubiera escasez de él, en cuyo caso se “atabernaba” vino foráneo.
El mes de noviembre es el mes del vino. Los meses anteriores se recolectan la uvas, se pisan, se pone a fermentar y el día 1 de noviembre, coincidiendo con el día de Todos los Santos, se “zapaba” (tapaba con un corcho) el barril. Ese mismo día, se invitaba a los vecinos a probar el vino nuevo. Se “afuraba” / “afuranchaba” (hacía un pequeño agujero) en un fondo del barril por donde salía un chorrito de vino; se daba a probar y se volvía a cerrar con una pequeña vara de mimbre con el extremo en forma cónica. De esta manera se “afuraba” o “afuranchaba” el barril.

El día 11 de noviembre, la gente se juntaba alrededor de los barriles “afuranchados” para probar el vino nuevo. Aquí nace la palabra Furancho: cuando resultaba un excedente en la cosecha de vino y se abrían las bodegas o galpones de las casas para venderlo a lo largo del año. El vino se acompañaba de castañas y productos elaborados en la propia taberna. Esta actividad se hace desde tiempos inmemorables. Allí donde veas una rama de laurel, para y saborea el auténtico vino de Furancho.
Por suerte, las Fiestas de San Martiño (11, 12 y 13 de Noviembre), han recuperado gran parte de su tradición en las últimas décadas y las gentes ya no sólo se arremolinan en los bajos, en el atrio o en los molinos, si no que se juntan en los furanchos a beber y a comer vino, y no solo del nuevo, también de otros vinos mas añejos de tinto y blanco, comer bocadillos de lomo de cerdo, callos, empanada, chorizos fritos…
¡¡Huuhm, que ganas de que llegue San Martiño!!
*Con la enorme colaboración de D. Manuel Uxío García Barreiro.

Mela Iglesias
Escapada Rías Baixas

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