Una Guía en el Camino. 5ª Jornada: Mercadoiro – Palas de Reis. 30Kms.

Dormimos muy bien, aún con la tormenta nocturna iluminando la habitación. Nos dejó sin luz y sin agua. Si, nos llevamos las legañas durante una buena parte de la etapa; sólo hasta la hora del desayuno. Hacía buen día, no mejor que ayer, pero si mejor que mañana. Nos costó llegar a final de trayecto. La cadera de Jose empezaba a darle la lata y mi rodilla estaba… machacandome un poco. Pasamos por Portomarín y a mitad de etapa y justo cuando lo necesitabamos… Un furancho!!! La Taberna del Farruco. La música se oia a 200m de distancia. Cuando llegamos al “oasis” olia a tortillaca y queso. ¡¡Estaba lleno de peregrinos!! Las botellas de vino tinto, la tortilla, las cañitas y el queso estaban por todas partes. Por supuesto, paramos. Mientras degustamos la rica tortilla, un bocadillo de queso y unas cañitas, veiamos bailar al grupo vecino de peregrinos al son de Maria del Monte (“Cántame, me dijiste cántame, cántame por el camino que a la sombra de tus brazos yo ire, a la sombra de los pinos!!”) con la taza de vino en la mano. Podríamos habernos pasado allí toda la mañana peeeeeeero, el Camino llamaba y nos fuimos. Justo antes de irnos, llegó la brasileña (la que os comenté de la etapa de ayer, la recordáis?) y los vecinos de furancho nos siguieron. Sus compañeras escaparon con nosotros…

Nosotros ibamos cargados con una mochila de unos 10kg de peso, los demás venían tan solo cargados con botellas de vino tinto. Eran 6: 5 gallegos de la zona de Portomarín y 1 de Cataluña (creo que se llamaba Iván). El catalán tenía un arte para mantenerse en pie  y hacer porros a la vez, mientras cantaba “miudiño, miudiño, o que eu traiooooo, eu traioooo unha borracheiraaaaa…” que impresionaba. Nos revasabamos unos a otros continuamente y el humo que desprendía aquello hacia que Jose, Marcos y yo olvidasemos los dolores… A Valentín nada, se estaba recuperando de la jaqueca (…) Delante de todo iban las dos compañeras de la brasileña; se les notaba relajadas hasta que…. El catalán les advirtió que la brasileña venia corriendo para alcanzarlas y sin dudarlo echaron a correr con una mochila de 12Kg encima!!! Era una broma. Pero corrieron sin mirar atrás. Pensábamos que nos moríamos. Dejamos a los gallegos y el catalán en un bar degustando rico pulpo y seguimos.

La etapa no fue muy dura; no hizo calor excesivo, más bien lo contrario. Marcos, Jose y Valentin llevaban desde la mañana en manga corta y yo me resistía… Tenía un microclima dentro del que no me queria desprender… Por ratos hacia calor, otros viento, otros mucha humedad. Y pensaba: “y si me pongo malita en el Camino, quien me va a cuidar?” No me lo podía permitir. Encontramos otro oasis en la etapa: una fuente con un bebedero para caballos. El agua estaba congelada, congeladísima. Nos empapamos y seguimos andando. La humedad no duro nada; se notaba que se acercaba otra tormenta.

Llegó el  momento en el que la etapa era por la calzada (maldito asfalto!) y se hizo muy pesada y aburrida. Cuando vienes de pasear (eso si, con 12Kg a la espalda, con sed y dolor en las articulaciones) por el bosque y te encuentras con el asfalto, es lo que te pone de mala leche ($%&/”%/&=!”!!!!). Me empezó a doler mucho la rodilla izquierda. Mucho. Mi cara mantenía alejados a mis copañeros de Camino. Si hay algo que te hace conocer a una persona en cuestión de días, de horas, son sus gestos. Sean sonrisas o lágrimas, te dicen mucho. Ellos aprendieron rápido. A lo lejos veíamos lo que parecia el albergue y un pabellón y yo pensé: “Dios! como tenga que andar 1Km más me van a salir las lágrimas de dolor…!”. Fue una alucinación.. Faltaban 800m para llegar al albergue que se encontraba en el centro de Palas de Reis. Pensé morirme. Ellos ya no me hablaban (…) Y volví a pensar: “bueno, 800m es menos que 1Km. Vamos!”

Llegamos al albergue, eran las 17,30 de la tarde. Nos recibió una señora que nos trasladó a los años 80 en un micro segundo. Vestía a lo antiguo, con gafas grandes graduadas (a lo celebriti pero a lo malo) y solo se le ocurrió decirnos: “Cómo llegáis a estas horas!? Por poco quedais sin plazas” Nuetras caras fueron un poema, ni un “qué tal la etapa?”, “fue dura?”. Nada. Que sabrá ella que nos pasó para llegar a esas horas. Se me pasó por la cabeza mandarle un hachazo verbal pero reaccioné pronto y recordé que fui en modo “evasión y relax” al Camino. El albergue tenia 58 plazas (literas), nosotros fuimos los numeros 53, 54, 55 y 56. Nos fuimos a la habitacion. Mientras me duchaba, el dolor desaparecía a medida que el agua iba recorriendo mi cabeza hasta los pies (con ampollas e hinchados, pero ya daba igual, estaba en el albergue) Descansamos media horita y nos fuimos a la calle. De principio ibamos a estirar un poco el cuerpo, por eso de evitar futuros dolores peeeeeeeeeeero… se nos cruzó un bar y tuvimos que hacerle una visita. Charlamos de todo un poco: de los hombres, de las mujeres, de los trapitos, de… Bueno, de todo. En la terraza del bar un grupo de peregrinos tenían una fiesta montada que animaba a seguirles el ritmo, pero decidimos hacer que estirabamos un poco para esperar la llegada de la hora de la cena (horario europeo: a las 7 de la tarde).

Y la hora de cenar llego! Fuimos al bar donde tomamos la cañita. Nos atendio un Kourt Cobain resucitado y vasco. Muy majo, todo hay que decirlo. Nos explicó que hacía los domingos (porque como no tenia “chavala” había que ocuparlos yendo a recolectar el fruto con el que hacen el pacharán – no tengo ni idea de cuál es…-) y le dió unas clases de enología a Jose (para que aprendiera la diferencia entre el olor y sabor a anís – ejem, ejem…-) Cenamos bien, bebimos mejor. Recordamos que el albergue nos cerraba “a las 10 en punto y no entra nadie” y nos fuimos. ¡Mentira cochina! Eran las 22:05 pm y pudimos entrar. Es más, quedamos en la recepción hablando, y calmando los efectos del vino, y nos fuimos para cama a las 22:30 pm y la puerta seguia abierta (maldita señora que nos metió miedito en el cuerpo y nos provocó volver pronto al albergue!).  Nos fuimos para cama. En la habitación habia 4 literas: 1 ocupada por una pareja de franceses entrados de sobra en años, 2 por nosotros y 1 que estaba libre y que llevaba asi desde que habiamos entrado en el albregue a las 17:30pm. Marcos había desplegado sus enseres sobre su cama y como era tarde y la ultima litera estaba libre, decidio acostarse en una de estas ultimas. Ya todos estaban durimiendo, yo seguía escribiendo en mi Blacky todo lo que nos habia pasado en la etapa (aun que ya vemos que gracias a la cobertura os llega con bastante tiempo de retraso) cuando escucho la puerta y entran dos personas. Yo, que sin gafas veo menos que un topo, pense que era Jose o Valenti que habian bajado de las literas peeeeeeeero no. Era una elefante dentro de una cacharrería. Ahora os lo explico. Entró haciendo ruido y cuando se dirigió a su supuesta cama y vio que Marcos estaba alli (por error) se puso a tirarle del pie y a decirle que saliese de alli que era su cama. Despertó a toda la habitación. Yo, que me estaba conteniendo (os recuerdo, por eso de ir en modo relax y evasión) me limite a escuchar y observar a la elefante (no tiene otra definicion, ademas de que su perímetro no distaba mucho del animal). Marcos pensó que eramos uno de nosotros, no reaccionó demasiado rápido. Ella le gritó que que iba a hacer ahora, que el habia dormido en su cama (Q$!·$&·/$%()!!!!·$%%&·$!!). Marcos dormia dentro de su saco y estaba recién duchado. La elefanta venía en pareja, si amigos si, él no dijo ni mú. Al final mando al elefante (¿macho?) para abajo y ella durmio arriba; no sin antes ponerse a comer en la habitacion: abre bolsa de chucherias, ruido con papel… Un escándalo.

Me quedé drogui al poco… Buenas noches.

Mela Malouco

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